
Serian casi las cinco y media de la tarde cuando un estruendoso ruido emanó del interior de la vivienda ubicada en la cuadra diez del Jirón José Olaya de San Antonio. Cuando los vecinos y luego efectivos del Serenazgo de Huancayo se constituyeron al lugar, encontraron al menor, sentado sobre un sillón con el rostro completamente destrozado.
El adolescente estudiante de la facultad de veterinaria de la UPLA y fanático de la música metal, abría tomado esta decisión luego de enterarse que su madre ejercía el meretricio, tal como lo cuenta Arturo Vildoso, su padre con quien vivía en la humilde vivienda.
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